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jueves, 7 de marzo de 2024

Podemos tocar lo intangible

Dice José Hierro en uno de sus poemas, titulado “El muerto”, que “aquél que ha sentido una vez en sus manos temblar la alegría, no podrá morir nunca”. Y es que no hay nada como la poesía para tocar lo intangible, para sentir la vibración de vida que anida y resplandece en cada cosa, en cada gesto, en cada instante…
 
Somos seres espirituales aunque ahora estemos encerrados en un cuerpo, pero aun así somos seres inmortales, y si apelamos a nuestro interior, si apelamos a la vibración de vida que exhala nuestro espíritu y le dejamos actuar con libertad, veremos el mundo de una forma diferente y sentiremos cosas que el resto de los mortales no han podido siquiera imaginar.
 
Del poema antes citado quiero ahora destacar mis versos favoritos, los que hace ya muchos años calaron hondo en mi alma y me sentí identificado con ellos:
 
“Pero yo que he sentido una vez en mis manos temblar la alegría
no podré morir nunca.
Pero yo que he tocado  una vez las agudas agujas del pino
no podré morir nunca.
Morirán los que nunca jamás sorprendieron
aquel vago pasar de la loca alegría.
Pero yo que he tenido su tibia hermosura en mis manos
no podré morir nunca”.
 
Ahora bien, que nadie piense que sentir así es algo fácil; todo lo contrario, requiere esfuerzo y trabajo diario. Por eso, en ese mismo poema, el autor lo reconoce:
 
“Me costó muchos siglos de muerte poder comprenderlo,
muchos siglos de olvido y de sombra constante,
muchos siglos de darle mi cuerpo extinguido
a la yerba que encima de mí balancea su fresca verdura”.
 
No desesperes, pues, y sigue dándole a tu espíritu la oportunidad de salir de su encierro.
 

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martes, 5 de marzo de 2024

Sólo estamos de paso

Yo he definido la Poesía como “el lenguaje del alma”, por ello no es de extrañar que la poesía me acerque más que ninguna otra cosa al mundo espiritual. Leer y releer, saborear los poemas propios o ajenos, es una de las experiencias más gratificantes que hay. En esta ocasión voy a referirme a uno de los mejores poetas españoles contemporáneos, José Hierro. Nunca olvidaré la cara de asombro y admiración que puso un librero cuando le compré un libro de poesías de José Hierro… porque en aquella ocasión yo sólo tenía 15 años. ¿Te has parado a pensar cuántos jóvenes de 15 años compran y leen poesía actualmente? Pues ahí tienes la respuesta a por qué este mundo va de mal en peor.
 
Pero volvamos a lo que iba. En uno de sus poemas, titulado “Para un esteta”, José Hierro  nos advierte de cuál es nuestro papel la vida, lanza una advertencia a esa tendencia natural al ensalzamiento del ego, a la prepotencia, a ver el mundo como algo que debe someterse a nuestro criterio y a nuestro capricho. De dicho poema, extraigo estos versos para que, ya que has entrado a este restaurante de Internet (este blog) y te los he puesto en el plato (la pantalla de tu ordenador o tu móvil), te detengas ante ellos, los degustes con mesura, te deleites con el poso de su aroma, los digieras y finalmente asimiles el alimento espiritual que contienen:
 
“No has venido a la tierra a poner diques y orden
en el maravilloso desorden de las cosas.
Has venido a nombrarlas, a comulgar con ellas
sin alzar vallas a su gloria.
Nada te pertenece. Todo es afluente, arroyo.
Sus aguas en tu cauce temporal desembocan…
No has venido a poner orden, dique. Has venido
a hacer moler la muela con tu agua transitoria”.
 

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