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lunes, 24 de octubre de 2022

Las cifras oficiales de mortalidad echan por tierra el “apocalipsis”

Quizás nunca lleguemos a saber si el virus del COVID tuvo un origen natural o fue sintetizado en un laboratorio. Quizás nunca lleguemos a saber si ese virus se escapó accidentalmente de un laboratorio o se propagó deliberadamente. Lo que sí es cierto y no admite discusión, es que aquellos que gobiernan el mundo (1) han aprovechado esta circunstancia para implantar la “Agenda 2030” mediante la cual van estableciendo un poder único mundial, recortando libertades a los ciudadanos, haciéndolos más pobres para enriquecerse ellos más aún, e implantando el pensamiento único con los medios de comunicación y redes sociales como firmes aliados para lavar el cerebro de los ciudadanos.
 
El citado virus ha matado a mucha gente, pero ¿a tanta? Creo que deberíamos mirar las cifras oficiales antes de formarnos una opinión al respecto. Y a eso vamos…
 
Esta es la tabla de mortalidad de los últimos años en España, según los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE):
 

Año

Total

Covid

2020

493.776

60.358

2019

418.703

 

2018

427.721

 

2017

424.523

 

 
Como podemos ver la mortalidad en España se venía manteniendo en torno a los 420.000 fallecimientos anuales. En el año 2020 hubo 75.073 fallecimientos más que el año anterior, es decir, un 18% más, un porcentaje y una cifra realmente mayor que en años precedentes.
 
Según el INE, de entre todos esos fallecimientos se achacaron al COVID 60.358 pero… aquí empiezan los líos de cuentas…
 
Según han reconocido muchos responsables sanitarios (como, por ejemplo el Consejero de sanidad del País Vasco), cuando una persona que había dado positivo en el test, moría, se adjudicaba esa muerte al COVID aunque esa persona hubiese muerto por otra enfermedad y este virus simplemente estaba allí. Ya digo que esto se ha reconocido públicamente.
 
Además, la OMS se apresuró a pedir a los países que no hiciesen autopsias… estaba claro que si se hacían autopsias la causa de muerte sería otra en muchos casos y eso no interesaba.
 
Esas 60.358 muertes “oficiales” por COVID representan el 0,1% de la población española (47.350.000 habitantes en 2020), es decir, 1 fallecimiento por esta causa por cada 1.000 personas. Esta ha sido la realidad de esa mortalidad "apocalíptica" que nos presentaban el Gobierno y los medios de comunicación, y que llevó a implantar medidas ilegales (así lo ha dictaminado el Tribunal Superior de Justicia) como el confinamiento.
 
Esta pandemia suprimió las visitas presenciales al médico y más tarde las aplazó bastantes días. Se cancelaron y retrasaron más de medio millón de intervenciones quirúrgicas programadas. ¿Es que esto no influye en la mortalidad? Qué no te atienda un médico salvo que tengas síntomas de COVID y que retrasen o cancelen tu operación ¿no tiene repercusión en la salud o no puede en muchos casos aumentar la mortalidad?
 
El 54,5% de los fallecidos fueron personas mayores de 60 años, lo cual es lógico, porque no somos inmortales, y si además somos viejos y tenemos la salud delicada, y encima no nos atienden… pues eso.
 
Todo esto en cuanto a España, porque si vemos las cifras mundiales, según los datos del Fondo de Población de las Naciones Unidas, a 8 de diciembre de 2021 fallecieron por esa causa 5.268.849 personas (en su mayoría personas con más de 70 años y múltiples enfermedades). Esto quiere decir que como en nuestro planeta hay 7.875 millones de habitantes, ha muerto por esa causa el 0,06%.
 
Conclusión: Las cifras hablan por sí solas: Un virus que causó una mortalidad “oficial” del 0,1% en España y del 0,06% a nivel mundial, pero que se vendió a la población como el Apocalipsis y condujo a la supresión de libertades, arruinando a los ciudadanos, e implantando un pensamiento único.
 
(1)       Club Bildelberg, Familia Rostchild, Familia Rockefeller, Familia Morgan, Familia Du Pont, Familia Bush, George Soros, Fondo Monetario Internacional, Banco Central Europeo, Fundación Bill Gates, OMS, etc.
 
Información relacionada:
“Diario del caos”: https://amzn.to/3eJqYd8
“La farsa de la pandemia”: https://elcuadernodefisac.blogspot.com/2022/09/la-farsa-de-la-pandemia.html
 

 

lunes, 17 de octubre de 2022

Pfizer reconoce que nos han mentido

En el siguiente enlace ofrecemos el texto del vídeo en donde el eurodiputado holandés, Robert Roos, preguntó directamente a uno de los directores de Pfizer (Janine Small), en el Parlamento Europeo, si era cierto o no que los vacunados no contagiaban a los demás.

La portavoz de Pfizer respondió que "No", es decir, to significa que ellos ya sabían (y por lo tanto las Autoridades sanitarias y los gobiernos ya sabían) que los que se vacunasen podían seguir contagiando a los demás. Y sin embargo todas las Autoridades sanitarias y todos los gobiernos nos mintieron y obligaron (de forma indirecta) a que nos vacunásemos todos con el pretexto de la solidaridad para no contagiar a los demás.

Lo han reconocido los creadores de la vacuna. Todo fue una gran mentira:
 


Un libro para que descubras por ti mismo la gran mentira:
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martes, 4 de octubre de 2022

La historia ha pasado de ser “aC/dC” a ser “aP/dP”

Aunque parezca un juego de palabras, no lo es. Aunque parezca algo gracioso, maldita la gracia que tiene.

Hasta ahora la historia de la humanidad en el mundo occidental se dividía en dos periodos: “aC” (antes de Cristo) o “dC” (después de Cristo) en razón de la influencia que tuvo el cristianismo en la cultura occidental.

Ahora, sin embargo, hay que sustituir esa clasificación por esta otra: “aP” (antes de la Pandemia) o “dP” (después de la Pandemia), porque la influencia de esa pandemia ha sido tanta que ha cambiado de forma irreversible la forma de vivir de los seres humanos.

Puedes leer más al respecto en este artículo publicado en el "Diario AZprensa":
Este libro no trata de inculcarte ninguna idea, sólo te invita a pensar por ti mismo:
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miércoles, 7 de septiembre de 2022

La farsa de la pandemia

La Organización Mundial de la Salud había establecido una serie de criterios objetivos para determinar qué era una pandemia y las medidas a adoptar; se aludía entre ellos a las altas tasas de mortalidad y la gravedad de la enfermedad causada. Sin embargo en el año 2013 cambió los criterios para considerar cuándo se declaraba una pandemia rebajándolos a la simple opinión de un comité de expertos de la propia OMS. A partir de esa fecha, pues, sólo sería pandemia lo que le apeteciese (criterios subjetivos) a ese comité de expertos.
 
Y llegamos al año 2019 y ese comité de expertos decide que ese coronavirus que se está extendiendo por el mundo es algo así como el Apocalipsis y que hay que cortar de raíz la libertad de todos los ciudadanos y recluirlos en sus casas, exigirles llevar un bozal, abortar las relaciones familiares y de amistad, obligar a las empresas a cerrar y arruinarse, incentivar a los laboratorios farmacéuticos para que inventen en tiempo récord unas “vacunas” sin exigirles todos los estudios clínicos y meses que hasta entonces eran necesarios para que se aprobase una vacuna y eximiéndoles de responsabilidad si luego empezaban a aparecer efectos secundarios, obligar a los ciudadanos a inyectarse esas “vacunas” experimentales ya que de no hacerlo no podrían salir del país ni entrar y/o participar en muchas actividades (culturales, deportivas, etc.), dedicar todos los recursos sanitarios (humanos y económicos) a tratar a los “infectados”, dejando “para más adelante” la atención sanitaria de todos aquellos que padeciesen otras enfermedades… para qué seguir, todos lo hemos padecido.
 
Nos vendieron, en definitiva, un Apocalipsis: una pandemia que iba a diezmar a la población mundial y que exigía tomar todas esas medidas.
 
Floreció así el negocio de las mascarillas y el negocio –más lucrativo aún- de los test. Se demostró una y mil veces que dichos test no eran nada fiables, pero se exigían para todo y cada vez que alguien moría y daba positivo en el test, se catalogaba su muerte como “muerto por COVID” aunque la causa real de muerte fuese un cáncer, un infarto, e incluso un accidente de tráfico. Algunos responsables sanitarios públicos han reconocido este punto: a todo aquél que diese positivo e incluso se sospechase que podía estar “infectado” y moría, se le apuntaba como “muerto por COVID”. Y la OMS, amparándose en la “peligrosidad” de la “pandemia” exigió que no se realizasen autopsias, ya que de haberse permitido se habría demostrado que la causa de muerte era otra.
 
Cada día, desde las pantallas del televisor (más bien, del “teleterror”) se daban las cifras de muertos, y daba igual que hubiesen muerto por otra enfermedad o por falta de atención médica (más de medio millón de intervenciones quirúrgicas canceladas en España). Curiosamente, la gripe anual que cada año mata a muchas personas (especialmente a los viejos y a los que tienen mala salud) prácticamente desapareció y se aprovechó la habitual mortandad causada por las complicaciones de la gripe en esos pacientes para sumarlos a esta pandemia del terror.
 
Después, cuando pasó la época de la gripe y moría menos gente, dejaron de hablar de “muertes” y pasaron a hablar de “contagios”. ¡Menudo chollo! ¡Contar los contagios en base a unos test que fallan más que una escopeta de feria! Una excelente herramienta para mantener el terror. Si hacía falta inflar las cifras, se hacían más test; si se estimaba conveniente dar un respiro, se hacían menos test y así bajaba el número de “contagios”.
 
Pero basta ya de palabras y vamos a CENTRARNOS EN LOS HECHOS. Aun sabiendo que las cifras de contagiados han estado infladas, y que las cifras de muertos también lo han estado, vamos considerar que eran correctas. Pues bien, aquí viene la sorpresa, y no son palabras, sino HECHOS:
 
Según el Fondo de Población de las Naciones Unidas, a 8 de diciembre de 2021 se habían detectado 266.504.411 “casos” de COVID y fallecieron por esa causa 5.268.849 personas. Y no olvidemos que la inmensa mayoría de estos fallecidos eran personas mayores de 70 y 80 años con múltiples enfermedades.
 
Esto quiere decir que como en nuestro planeta hay 7.875 millones de habitantes, se ha infectado el 3,38% de la población mundial y ha muerto por esa causa el 0,066%.
 
Dicho de otra forma, tras dos años de pandemia, el 96,62% de la población mundial no se ha infectado y el 99,93% de la población mundial ha sobrevivido a esta apocalíptica pandemia que tantas vidas y negocios ha arruinado.
 
Fuente: https://unfpa.org/es/data/world-population-dashboard
 


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