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lunes, 17 de octubre de 2022

30 cosas que no deben hacer los médicos

Un total 25 sociedades científicas han pedido que se incluyan en las Guías y Manuales de Práctica Clínica una serie de recomendaciones, de cosas que están haciendo los médicos y que no deberían hacer. A ver si así contribuimos a que por lo menos algún médico tome conciencia de esto. 

Puedes leerlo en el siguiente enlace:

https://azpressnews.blogspot.com/2017/06/30-cosas-que-no-deben-hacer-los-medicos.html

 


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miércoles, 21 de septiembre de 2022

Más medicina preventiva (cambiar hábitos) y menos sobrediagnóstico

“El siglo XX ha sido muy potente en el progreso tecnológico de la medicina, pero ahora los beneficios de las novedades son muy pequeños y el coste es enorme. Por ejemplo, muchas intervenciones quirúrgicas han triplicado su duración respecto a las de los años noventa, por robotizarse. Por tanto, el número de quirófanos necesarios aumenta. El robot hace la cirugía mucho más complicada, mucho más cara, mucho más prolongada, y los resultados no son mejores que sin robot. Pero los industriales quieren vender sus inventos, y los políticos y los ciudadanos se dejan deslumbrar. Así es el tecnoutopismo”.
 
Son palabras del Dr. Antonio Sitges-Serra, con más de 40 años de experiencia ejerciendo la cirugía y la investigación, y por cuya consulta han pasado miles de pacientes. De este “tecnoutopismo” nos pone otro ejemplo: “Un robot para operar próstatas supone un gasto inicial de un millón y medio, y unos mantenimientos anuales de más de 100.000 euros. Más el coste de enseñar a los médicos a usarlo. El gran problema de la sanidad es el incremento de los costes: el coste aumenta cada año, en gran parte porque se compran productos innecesarios, pero glamurosos”.
 
 Y a continuación nos habla de otro de los grandes “tecnoutopismos”: “La mal llamada 'prevención del cáncer de mama' es un ejemplo brutal. Yo digo que es mejor olvidarnos de las mamografías y dedicar esos recursos a poner más guarderías, para que las mujeres puedan parir antes. Influye más en que no mueras de cáncer de mama que adelantes la maternidad que 20 mamografías en 20 años. La medicina preventiva tiene que ver con cambiar hábitos sociales malos para la salud, y no con someter a todas las mujeres a escáneres gratuitos a partir de los 40 años”.
 
“A lo largo de la vida de una mujer –continúa-, entre los 40 y los 90 años, tiene un 10 por ciento de posibilidades de morir de cáncer de mama y un 90 por ciento de morirse de cualquier otra cosa. Es decir: la mamografía trata con una enfermedad de poca prevalencia. Eso para empezar, pero, además, se han hecho estudios comparados: mil mujeres mamografiadas y mil mujeres no mamografiadas. Pues bien: en un grupo se mueren cuatro, y en el otro se mueren cinco. Quien hace mamografías, dice entonces que ha muerto un 20 por ciento menos, pero esto es una trampa: una enferma de mil no justifica que a las otras 999 mujeres les hagas una mamografía al año. Pero hay más: de esas mil mujeres mamografiadas, 200 dan alguna vez el falso positivo. Es decir: que les tienen que repetir la mamografía o hacerles una biopsia. Finalmente, un 5 por ciento de estas mil mujeres mamografiadas sufrirá una masectomía improcedente. Así que es mejor para las mujeres que no les hagan mamografías”.
 
Por eso incide también en otro de los grandes problemas: la interpretación: “La lectura radiográfica de una mamografía o de cualquier otra cosa te exige experiencia. Si no la tienes, vas a levantar falsos positivos. Las máquinas siempre necesitan profesionales formados, y la innovación constante juega en detrimento de la curva de aprendizaje de los médicos, y por tanto en contra del paciente”.
 
Como hemos reflejado en esta serie de tres artículos con declaraciones del Dr. Antonio Sitges-Serra, para mejorar la salud lo que hay que hacer es cambiar hábitos en vez de recurrir a tantos medicamentos y revisiones con máquinas sofisticadas que sólo conducen al sobrediagnóstico ya  deteriorar la salud y la calidad de vida de los pacientes.
 
Por eso, este especialista, que se ha atrevido a publicar un libro titulado “Si puede, no vaya al médico”, sigue luchando contra los mayores males que afectan a nuestra salud: la hipocondría, la ultratecnificación y el sobrediagnóstico.
 


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martes, 20 de septiembre de 2022

Los médicos (y los pacientes) viven de espaldas a la muerte

El Dr. Antonio Sitges-Serra tiene una larga trayectoria de 40 años ejerciendo la cirugía y la investigación, y por su consulta han pasado miles de pacientes. Fruto de esa larga experiencia, reconoce que los médicos y los pacientes viven de espaladas a la muerte, se niegan a reconocer que todos tenemos que morir y se aferran a la tecnología y a todo tipo de medicamentos para tratar de evitar lo inevitable… lo cual da como resultado destrozar la calidad de vida del paciente a cambio de una esperanza ficticia de supervivencia.
 
“El tecnoutopismo –explica- nos exige vivir de espaldas a la muerte. Hablas con oncólogos y la muerte no existe. Para ellos, hay un fármaco, un TAC y un tumor. Y con eso van jugando hasta que la cosa explota. Pero tú no puedes decir que un paciente de ochenta y tantos años no debe ingresar nunca en la UCI, porque te llaman de todo. Sabemos que un enfermo de 85 años que pasa una semana en la UCI tiene un 70 por ciento de posibilidades de morirse en el hospital, y otro 30 por ciento de morirse durante el año siguiente. El margen coste-efectividad del tratamiento es nulo. Pero, como el sistema paga, esto no se valora en medicina pública”.
 
“No queremos morirnos –continúa-, ni tampoco queremos tener dolor, ni tristeza. Entonces se medicalizan la muerte, el dolor y la tristeza, y sale ganando la industria, no las personas. ¿Qué pasa cuando bajan el límite aceptable de colesterol en la sangre? Que tienes millones de enfermos que necesitarán millones de dosis de medicación. Por no hablar de esa otra cosa que hacen, que es inventar enfermedades. El 40 por ciento de medicamentos que se han demostrado mortales después de empezar a venderse tarda todavía dos años en ser retirado del mercado. ¿Por qué? Porque el desarrollo del fármaco ha sido caro, e intentan amortizarlo en los primeros años. La industria aprieta mucho porque sabe que o bien el medicamento va a acabar desvelando algún problema, o no es tan efectivo como se vende, o bien va a salir un competidor. ¿Cómo lo consiguen? Con propaganda, y convenciendo a médicos, a veces con métodos poco honestos. En la oncología, esto es muy normal. La oncología es una de las prácticas más corruptas de la medicina. La gran mayoría de oncólogos de cierto renombre cobran directamente de la industria farmacéutica, o a través de ensayos, o en especies, o a través de congresos. La oncología es una de las especialidades con más inversión de todo tipo”.
 
El Dr. Antonio Sitges-Serra critica la excesiva medicalización de la vida: “Convierten en enfermedad (con su fármaco correspondiente) la tristeza, el sexo, la nutrición, la regla, la menopausia, la fealdad, la estupidez... Todo lo humano es susceptible de tratamiento, y la industria amplía su mercado. Como dijo Huxley, la medicina avanza tanto que pronto estaremos todos enfermos”.
 
Y no le falta razón. “Esto es así porque hemos creado una sociedad hipermedicalizada e hipocondríaca. Mira: cuando preguntaron a Oriol Bohigas, el gran urbanista, cómo solucionaría el problema del tráfico en Barcelona, dijo: ‘Pues muy fácil, haciendo que las calles sean más estrechas. Esta paradoja también se puede aplicar a la medicina. Si tú vas generando necesidades, siempre vas a tener más demanda. Si ensanchas las carreteras, tendrás más coches”.
 
Un buen ejemplo de esto lo tenemos en las vacunas. “El calendario pediátrico de vacunas supone 45 dosis en seis años, yo digo: ¿estáis seguros? Porque a lo mejor estamos sometiendo el sistema inmune de estos chavales a un bombardeo que no sabemos en qué va a terminar. Porque una cosa es que vacunes de las enfermedades como la viruela, el tétanos, la tos ferina, difteria, poliomelitis, etcétera, y otra que empecemos a ampliar el mercado: que si la meningitis, que si el neumococo, que si el papiloma... Ahí nos estamos pasando. Hay vacunas que solo interesan a las farmacéuticas”.
 
Por eso quiere dejar bien claro que él no es ningún “antivacunas” y que ese debate entre partidarios de las vacunas y los llamados “antivacunas” o “negacionistas” le viene muy bien a la industria farmacéutica porque así quedan ellos del lado de la medicina, la salud y el progreso, y no dejan ver a los ciudadanos la “hipocondria social” en la que viven y alimentan a diario la prensa, los laboratorios farmacéuticos, los políticos e incluso los médicos y las sociedades científicas.
 
Mañana ofreceremos la tercera y última parte de las opiniones del Dr. Antonio Sitges-Serra, que nos deben hacer reflexionar sobre el equivocado rumbo que está tomando la Medicina y la sociedad actual.
 


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