Al comienzo del segundo milenio las grandes compañías
farmacéuticas –al igual que muchas otras grandes empresas- quisieron integrarse
en el mundo digital y optaron por abrir sus propias páginas web. AstraZéneca no
iba a ser una excepción y así, al poco tiempo, pudimos disfrutar de la página
web corporativa que, eso sí, estaba toda ella escrita en inglés. En cada una de
las filiales nacionales nos hicimos eco de tal acontecimiento e incluimos su
dirección (www.astrazeneca.com) en documentos,
folletos, informes, etc.
Poco a poco algunas filiales tomaron ejemplo y abrieron
sus propias páginas web que tomaban ideas y contenidos de la web general pero a
su vez añadían informaciones locales y redactaban todo en el idioma local. Pero
en España, a nivel de presidencia, se veía muy lejos esa necesidad (a fin de
cuentas era un gasto más que exigía no sólo inversión sino también dedicación
de tiempo para su mantenimiento y actualización constante). No obstante otros
países se iban sumando a esta corriente, sobre todo cuando veían que
laboratorios competidores abrían sus páginas web y no sólo las de su sede
central sino también las de las filiales nacionales. En el caso de AstraZéneca,
el primer país de habla hispana que se decidió a lanzar su propia web fue
Chile. Así recogí la noticia:
“AstraZéneca Chile acaba de lanzar su página web (www.astrazeneca.cl) la primera web de esta compañía en habla hispana. En la
misma se ofrece una amplia información de esta compañía, desde sus orígenes
hasta las noticias de más actualidad, junto con la información de sus
productos, áreas terapéuticas en las que desarrolla su labor de investigación,
etc.
Además, y como novedad en este tipo de webs ofrece una
sección, ‘Canal médico’, que permitirá a los usuarios registrados acceder a un
nivel de información especializada y actualizada respecto de las diferentes
áreas terapéuticas en donde la compañía ostenta una posición de liderazgo.
Esta nueva web en español tiene como principal objetivo establecerse como un canal de interacción directo entre la compañía y los diferentes profesionales de la salud, y el hecho de estar preparada en español ofrece una facilidad añadida a los muchos millones de hispanohablantes en todo el mundo”.
Con este ejemplo “de carne y hueso” sugerí a la
presidencia que también en España podíamos crear nuestra propia web, pero el
presidente seguía sin ser partidario de la idea y se conformaba con remitir a
los interesados a la web corporativa aunque estuviese escrita en inglés. Para
colmo, los demás directores que componían el Comité de Dirección, tampoco se
mostraban proclives a gastar ni dinero, ni tiempo ni energías en tal menester.
Pero con la fusión de Astra y Zéneca, la nueva compañía
se había situado como el tercer laboratorio farmacéutico más grande del mundo y
como tal ejercía ya el papel de líder en numerosos aspectos y, entre ellos, el
de la Comunicación. Eran frecuentes mis viajes a la sede central de Londres,
unas veces en solitario para reunirme con mis colegas del departamento central
de Comunicación (“Corporate Communication” lo llamaban) y otras acompañado de
periodistas para cubrir la rueda de prensa de presentación de resultados
económicos anuales. También eran frecuentes los viajes, solo o con periodistas
españoles invitados, para visitar fábricas, centros de investigación, o para cubrir
algún congreso o reunión en donde la compañía presentase algo de interés.
Estaba claro que la compañía apostaba por la
Comunicación. Estaba liderada por Tom McKillop (Chief International Officer o
CEO, como se decía en inglés), el cual mostró desde el principio una especial
sintonía con los que nos dedicábamos a la Comunicación, dando siempre todo tipo
de facilidades para que pudiésemos ejercer nuestro trabajo y –lo que era más
importante- dándonos libertad (nada de censuras previas) e incentivando la
iniciativa y la asunción de riesgos.
Esto era algo completamente inusual entonces, y sigue siéndolo
ahora. Hoy día, los que se dedican a la Comunicación en los laboratorios
farmacéuticos están verdaderamente presos. Cualquier texto que quieran preparar
para enviar a los medios de comunicación (las consabidas Notas de Prensa) debe
pasar antes varios filtros:
1.- Revisión por parte del médico que ha de supervisar
que el contenido sea correcto, lo cual es lógico porque el que ejerza de
comunicador ha de ser periodista o experto en comunicación pero no tiene por qué
ser también médico.
2.- Revisión por parte del Director de Marketing, el cual
vigilará que se destaquen bien claramente las ventajas del producto del que se
esté hablando y de que el nombre comercial se repita muchas veces, incluso con
mayúsculas y con la “R” de marca registrada en su lugar correspondiente.
3.- Revisión por el Director de Registro para asegurarse
que las indicaciones y usos que se citan en ese texto se ajustan a lo
establecido en la “Ficha Técnica” del producto.
4.- Y hasta revisión por un abogado (hoy día todos los
grandes laboratorios tienen un abogado e incluso un completo departamento de
abogados dentro de su organigrama) para que añada al final todos los textos
legales que sean necesarios ya que se supone que esa Nota de Prensa es sólo informativa
(tal como desea Comunicación) y no un folleto comercial (tal como desearía
Marketing).
Como comprenderás, esta aberración de tantas revisiones
no hace sino convertir lo que podía haber sido una Nota de Prensa interesante
en un documento farragoso, carente de interés periodístico. Y lo peor de todo
no es eso, sino que los directivos de los laboratorios no entienden el trabajo
de los periodistas a quienes va destinada esa información ni entienden su
necesidad de inmediatez. Con tanta revisión, no sólo arruinan la noticia sino
que la dejan completamente desfasada en el tiempo. Si desde que el responsable
de Comunicación la escribe hasta que se la devuelven con el OK definitivo de
todos los que la han revisado han pasado dos semanas –por ejemplo- está claro
que la noticia ha perdido todo su valor de actualidad. Es más, si algún
periodista se había interesado en tal asunto, lo más probable es que haya
recurrido a otras fuentes, incluso a las de la sede central, para enterarse y
poder sacar él la noticia con su enfoque y redacción personal, pensando –si es
un buen periodista- en que el destinatario final es su público y debe hacerle
llegar una información de interés, concisa, clara e inmediata de la noticia.
Por fortuna, esta no era la situación de AstraZéneca en
aquellos primeros años tras la fusión. Todo lo contrario. Los responsables de
Comunicación (“Country Communication Managers” nos llamaban) constituíamos un
departamento independiente que reportaba directamente al Presidente, que –como
sucedía en el caso de España- incluso formaba parte del Comité de Dirección. Nuestros
textos sólo pasaban la revisión lógica de un médico, el cual estaba obligado a
hacerla en ese mismo día, y si ese día estaba reunido o de viaje, pues entonces
se le pasaba a otro médico. Por consiguiente, cualquier texto periodístico que
redactásemos en mi departamento podía enviarse a los medios de comunicación en
ese mismo día. Otra cosa es, también hay que decirlo, que muchas de esas Notas
de Prensa las preparábamos con antelación, en previsión anticipada de
determinados acontecimientos, lo cual nos permitía dejarle al médico algún
tiempo más para su revisión y, por su parte los médicos sabían agradecer que no
siempre fuésemos con prisas.
Ya volveremos más adelante a comentar cómo estaba la
Comunicación en este laboratorio, porque la verdad es que es digno de resaltar
por lo inusual que resultaba. Ahora volveremos sobre esos inicios en la era de
las webs y, como decía, las primeras web en español hacían su aparición en las
grandes compañías. Pero no acababa ahí la cosa. La central comenzó a crear
nuevas webs paralelas dedicadas cada una a las diferentes áreas terapéuticas en
donde teníamos productos. Una de las primeras se centró en el aparato
respiratorio y de su calidad puede dar fe el premio que recibió y que puede
leerse así tal como lo redacté en su día:
“La web de aparato respiratorio www.az-air.com ha sido galardonada en el certamen organizado en Suecia
por Webbspelen, al que concurrían numerosas web de carácter científico. En esta
ocasión, el jurado compuesto por expertos en el área de respiratorio,
destacaron que el premio se otorgaba ‘por la habilidad para presentar una
información compleja de una forma sencilla y accesible’.
Esta web es un punto de encuentro internacional sobre la
actualidad científica en el área de aparato respiratorio. A través de este
sitio en la red, se tiene acceso a un banco de datos de información médica con
más de 46.000 registros que cubren todo lo relativo al asma, enfermedad
pulmonar obstructiva crónica (EPOC), rinitis, noticias diarias, preguntas a los
expertos, etc. También permite el acceso a miles de imágenes de todos los tipos
que pueden ser descargadas para que los especialistas las incorporen a sus presentaciones.
Birgitta Lyrdal, máxima responsable de esta web ha manifestado su satisfacción por este premio: ‘AZ-air pretende ser una buena fuente de información para todos los expertos que son quienes realmente la han hecho posible’. Cabe señalar, en este sentido, que todas las informaciones recogidas en esta web no sufren ningún filtro de tipo comercial, etc. por lo que tienen cabida todas las informaciones que realmente sean de interés para los especialistas”.
Resulta muy ilustrativo y revelador el texto anterior que
fue escrito en su momento, allá por el año 2003. Me quedo, por ejemplo, con
algunos puntos que siempre deberían tener en cuenta todos aquellos que ponen en
marcha cualquier espacio web:
1.- Realizado por expertos.
2.- Presentando la información, por compleja que sea, de una forma clara y sencilla.
3.- Muy accesible, de fácil navegación y localización de contenidos.
4.- Con mucha información almacenada a la que se añaden constantemente nuevas informaciones.
5.- Con numerosas imágenes libres de derechos para su utilización (siempre que no sea para fines comerciales).
6.- Sin ningún tipo de filtro comercial.
Si los seis puntos anteriores son muy importantes, aún lo
es más el sexto punto que podríamos definir coloquialmente como “sin contaminación
marketiniana”, es decir, sin que los responsables de Marketing hayan
intervenido en él para nada, porque si algo debe quedar siempre claro es que
una cosa es la “información” y otra muy distinta es la “publicidad”. Las dos
son necesarias en la empresa pero cada una ha de tener su propia área
independiente con sus propios responsables independientes, porque cuando el
“tufo comercial” se impregna en un comunicado de prensa, convierte lo que podía
haber sido una noticia de interés en un simple anuncio, y los periodistas
rechazan los anuncios: “Para eso que se vayan al departamento de Publicidad de
nuestro medio”, es lo que suelen pensar.
Este ejemplo de “AZ-air” no fue el único. También se
lanzaron desde central nuevas páginas web dedicadas a la oncología, al aparato
digestivo, a la cardiología, etc. En el departamento de Marketing, cada Jefe de
Producto tenía a su disposición una web específica que le nutría de material de
gran valor para el desarrollo de su trabajo promocional y, por lo que se
refiere al Departamento de Comunicación, todas estas web se sumaban a las
numerosas fuentes de información de las que gozábamos.
Puede ser conveniente ahora, antes de pasar a cómo se
desarrolló ese diario digital único en la historia, que ha sido “AZprensa” que
hablemos un poco de las personas que trabajábamos en Comunicación y de cómo era
nuestro trabajo…
Antes de la fusión, Astra en España no tenía ningún
departamento de Comunicación, no tenía ningún responsable de Comunicación, no
tenía… Comunicación. Su relación con los medios de comunicación, con los
periodistas, era completamente inexistente. Allí sólo imperaba el área comercial
puesto que el objetivo de la compañía en España era vender y los demás
departamentos estaban supeditados a facilitar esa venta mediante la fabricación
de los productos, el registro de los mismos, la contabilidad financiera de la
empresa, los ensayos clínicos de futuros productos o nueva sindicaciones, etc.
En el caso de Zéneca la situación era distinta aunque
algo precaria. El departamento de Comunicación era prácticamente unipersonal,
es decir yo sólo con la ayuda de una secretaria que no siempre fue la misma,
sino que fueron pasando por dicho puesto varias secretarias que por algún
misterioso sortilegio siempre acababan lejos. La primera de ellas (lo cuento
como anécdota) apenas aguantó dos o tres meses, porque se casó y se marchó a…
¡Australia! ¿No había nada más lejos? Y algún tiempo después, cuando por fin
había conseguido una secretaria que además era periodista, Beatriz Cantalejo,
resulta que -poco antes de enterarnos que se avecinaba un fusión- decidió
tomarse una excedencia y marcharse a Irlanda a perfeccionar el inglés (¡y eso
que lo hablaba perfectamente!).
Total, que prácticamente estaba yo solo. Reportaba
directamente al presidente, Alfredo Rubín, y mantenía estrecho contacto con el
departamento de Comunicación de la sede central de Londres, el cual estaba
formada por cuatro personas. Chris Major como jefe; Steve Brown como segundo de
a bordo; Sally Shackleton y como secretaria Karen Goodman quien, poco después,
pasó a llamarse Karen Lottin (fue así como me enteré que las mujeres británicas
pierden su apellido cuando se casan y toman el del marido).
La relación con este departamento era muy estrecha y
ellos me proveían de abundante material informativo que luego yo transformaba
en noticias. Además, todos los días recibía el Press Clipping del Reino Unido,
es decir, todos los recortes de la prensa británica en donde se citaba a la
compañía o a sus productos. De ahí también yo sabía sacar datos de interés para
transformarlos después en noticias de interés en España.
Pero ¿cómo había llegado yo a la división farmacéutica de
Zéneca en España (que se llamaba Zéneca Farma). Pues será mejor que lo relate
tal como lo hice en cierta ocasión bajo el título de “Inglés para la
supervivencia” porque pienso que esta pequeña historia puede ser muy útil para
muchos de vosotros si es que queréis progresar profesionalmente, sobre todo en
un país como España en donde muy pocas personas saben hablar inglés (una cosa
es saber cuatro palabras o frases en inglés y otra muy distinta saber mantener
conversaciones en inglés). Vayamos, pues a esta educativa historia, la cual
espero que ayude a otros a aprobar cuanto antes la asignatura pendiente que
tenemos casi todos los españoles: el dominio del inglés. En mi caso, así
sucedieron los hechos...
Aún no había nacido Zéneca, sino que las diferentes compañías
que formaron este grupo pertenecían al grupo británico multinacional ICI
(Imperial Chemical Industries). Yo trabajaba como responsable de Comunicación y
Publicidad en la división de agroquímicos (ICI Zeltia), pero había otras muchas
empresas en este grupo: ICI España (como cabecera de grupo), ICI-Farma
(laboratorio farmacéutico), ICI-Mevisa (colorantes, pigmentos, resinas y
productos auxiliares), Intorsa (intermedios orgánicos, pigmentos y productos
auxiliares), Nurel (fibras sintéticas, poliéster), ICI-Resins (resinas
sintéticas), Polyvinyl Ibérica (plásticos), ICI Seguridad (sistemas de
seguridad), Stauffer Ibérica (agroquímicos), SES Ibérica (semillas), Stahl
Ibérica (productos para la industria del cuero), Hispavic Industrial
(policloruro de vinilo), Viniclor (polivinil cloruro, PVC) y Tioxide España
(dióxido de titanio).
Para crear cultura de grupo pusieron al frente de
ICI-España a Alfredo Rubín (anteriormente presidente de ICI-Zeltia con quien
había coincidido en dicha empresa). Su sede estaba en un precioso edificio en
las afueras de Hospitalet (Barcelona) muy cerca del aeropuerto. Allí se daba
cita, pues, la plana mayor de este coloso de la química industrial que abarcaba
sectores tan importantes y dispares como las fibras de nylon, derivados
plásticos para multitud de usos, colorantes, medicamentos, agroquímicos,
semillas… Para que te hagas una ideas te diré que en aquellos años tú mismo
vivías rodeado de productos ICI: Seguramente tenías un anorak cuyas fibras eran
de “Terylene” o simplemente el nylon de las medias, o el tinte azul de los
vaqueros (color “índigo” inventado por ICI), o el caucho de las pelotas de
tenis, o los derivados plásticos de las cintas de vídeo, o algunos de los
componentes plásticos de las carrocerías de tu coche, o las botellas de
refrescos o envases de yogures fabricados con plástico biodegradable “PET”
inventado por ICI, o productos de huerta nacidos de semillas de esta compañía y
defendidos de las plagas con los agroquímicos de la misma, o medicamentos para
muchas enfermedades, o cuero de cinturones y chaquetas de piel curtidos con
productos ICI, o pinturas y barnices de las paredes y el parquet de tu casa… en
fin, la lista la podríamos hacer interminable porque ICI era la principal
compañía de agroquímicos del mundo y sus productos estaban absolutamente en
todos los rincones de nuestra vida cotidiana.
Periódicamente nos reuníamos para tratar de aunar
esfuerzos y potenciar la imagen corporativa del grupo. Editábamos una revista
trimestral (se llamaba “NOTICIAS” con las letras “ICI” coincidentes con el
nombre del grupo, en otro color para que destacasen más) en la que colaboraba
activamente y en la que se publicaban noticias y reportajes relativos a todas
las empresas y actividades del grupo. Recuerdo, en este sentido una curiosa
anécdota que titulé en su día como “la reina Sofía fue zurda por un día”.
La reina Sofía iba a visitar ICI España, lo cual
constituía un acontecimiento de primera magnitud el cual debía quedar reflejado
en la revista. Todos se esmeraron en engalanar las oficinas: banderas de ICI y
de España a la entrada del edificio, sala de reuniones perfectamente arreglada,
libro de firmas de personajes ilustres dispuesto allí a la entrada… y por
supuesto, todos los directivos deseosos de saludar personalmente a la reina y
salir en alguna foto junto a ella.
Cuando la reina llegó, todos los directivos formaron
fila, sacando pecho y amplia sonrisa, esperando su turno para saludarla, y ella
muy cortésmente fue dando la mano a cada uno de ellos compartiendo igualmente
sonrisas. De ahí se pasó a un recorrido por las instalaciones, la firma en el
libro de visitas, y las explicaciones pertinentes de todo lo que hacía este
grupo de empresas. Cada uno de estos pasos fue fotografiado fielmente por un
fotógrafo profesional contratado al efecto.
Una vez finalizada la visita, y al cabo de unos días, se
reunió el pequeño comité de redacción de la revista para elegir las fotografías
que debían ilustrar el reportaje de esta visita, el cual acapararía –por
supuesto- la portada y las primeras páginas. A la vista de todas esas fotos, se
eligió una que mostraba la llegada de la reina al edificio y no una cualquiera,
sino esa en donde la reina saludaba al presidente del grupo. Era una foto
preciosa, en donde se veía perfectamente a la reina, al presidente, y a alguno
de los otros directivos… y además al fondo ondeaba sobre un cielo azul radiante
una de las grandes banderas con el logotipo de “ICI”.
Pero, de repente, un escalofrío recorrió la frente y las
axilas del responsable de la revista: un fallo con el que no habían contado.
Justo en el momento en que se tomaba esta fotografía, el viento soplaba en dirección
contraria, había dado la vuelta a la bandera de “ICI” y el logotipo se veía al
revés, es decir, con la “C” apuntando en sentido contrario.
“¡Oh, no, esto no puede ser!”, exclamó el responsable de
la revista. “¿Qué pensarán en central cuando vean el logotipo al revés?”,
añadió. Revisaron de inmediato todas las fotografías, pero esa era la mejor y
no había otra de similares características en donde se viera correctamente el
logotipo… salvo que… se le diese la vuelta a la fotografía. En este caso, el
logotipo se vería correctamente y por lo demás, daba igual que la fila de
directivos estuviese situada a la derecha de la fotografía o a la izquierda.
Y así salió la revista, y se distribuyó a todos los
empleados, clientes y proveedores. Sólo entonces, cuando la revista ya se había
repartido se dieron cuenta de un pequeño detalle que les había pasado
desapercibido: al dar la vuelta a la fotografía para que el logotipo de “ICI”
se viera del derecho, todos los personajes (la reina y los directivos) estaban
lógicamente del revés (como cuando te miras en un espejo) y la reina estaba
dando al presidente su mano…izquierda. Fue así como la reina Sofía fue zurda
por un día, sin proponérselo.
Anécdotas aparte, la central de este grupo en España
quería que todos estuviésemos preparados cunado nos tocase enfrentarnos a las
cámaras y a los periodistas y a tal fin nos organizó un curso de formación de portavoces
en Barcelona, en donde expertos comunicadores nos explicaron las claves para
tratar con los periodistas y la forma de desenvolvernos en todo tipo de entrevistas
y situaciones (declaraciones a la salida de una reunión, entrevistas en el
estudio de radio o televisión, preguntas incómodas y cómo salir airoso, etc.). En
los dos días que duró el curso recibimos no sólo la parte teórica sino también
la práctica (la más valiosa) reproduciendo fielmente cómo eran los estudios de
radio y de televisión y siendo entrevistados (e incluso asediados a preguntas
difíciles) por periodistas profesionales y bien conocidos, lo que daba mayor
realismo a los ensayos (a los que por cierto –y por eso del mayor realismo- acudíamos
previamente maquillados, tal como se hace en televisión). Después nos facilitaban
las cintas de audio y de vídeo para que cada uno se analizase a sí mismo y
viese qué había hecho bien y qué había hecho mal. Nada como verse a uno mismo
para aceptar los errores. Finalmente los consejos, un resumen y… ya estábamos
dispuestos para enfrentarnos a los periodistas.
Ese curso fue importantísimo y comprendí desde entonces que
es algo que no sólo hay que repetir periódicamente para refrescar ideas y
actitudes, sino para impartirlo también a todas aquellas personas de la empresa
que en alguna ocasión tengan que dar la cara ante los periodistas (tanto
directivos como mandos intermedios).
Por mi parte quise corresponder con innovaciones personales,
tales como las “Jornadas de Comunicación” que me inventé, algo que pocos grupos
empresariales (mucho menos en el ámbito de los laboratorios farmacéuticos)
habrán hecho. Se trataba de organizar una jornada en la que uno o varios
expertos en temas relacionados con la Comunicación impartirían sus
conocimientos a los responsables de Comunicación de las diferentes empresas del
grupo. En nuestro caso, tristemente, sólo en ICI-Zeltia (la división de agroquímicos
en donde yo trabajaba en aquél momento) contaba con Departamento de
Comunicación; en las demás compañías simplemente no existía tal departamento.
En consecuencia, el presidente del grupo optó por enviar
a dichas Jornadas a quienes él consideró que más próximo podía estar a esa
necesidad, y acudieron pues profesionales tan variopintos como directores
médicos, directores generales, directores de registro, secretarias de
dirección, etc. En cualquier caso, de la poca comunicación que se hacía en el
grupo –al menos en esas otras empresas- estas eran las personas por las que
tendría que pasar tal responsabilidad. Recuerdo que una de las Jornadas se
dedicó de forma monográfica a la imagen corporativa, mientras que otra estuvo
destinada a aspectos varios relacionados con la Comunicación. Cabe señalar que
toda la organización corrió a cargo de mi
departamento, que los ponentes respondieron con generosidad a mi solicitud y
nos dedicaron gratis todo su tiempo y su saber, y que cada asistente se pagó su
viaje y estancia. En consecuencia todo el coste de organización de estas
jornadas fue mínimo, puesto que sólo incluía los gastos de la sala del hotel y
la comida, porque los desplazamientos y alojamiento corrían a cargo de cada
participante. Es importante destacar esto porque demuestra cómo se pueden
llevar a cabo iniciativas interesante sin que ello suponga un coste importante,
máxime teniendo en cuenta que en general los departamentos de Comunicación no
suelen contar con presupuestos muy elevados.
Pues bien, en aquellas reuniones periódicas que
manteníamos en la sede de ICI-España, coincidía con la secretaria de Alfredo
Rubín, Matilde Casals, quien me dijo en una ocasión ‘El Sr. Rubín ha dicho que
es una pena que no sepas inglés, porque sería muy bueno para tu carrera dentro
del grupo’.
Te preguntarás ahora: “¿Trabajabas en una multinacional
británica y no sabías inglés?”. Y la respuesta correcta debería ser: “Pues sí, trabajaba
allí ‘a pesar de no saber inglés’ porque yo supe venderles, cuando me
contrataron, que el inglés se puede aprender en poco tiempo pero la formación y
la experiencia en Comunicación es labor de muchos años y yo sí que tenía toda
esa formación y toda esa experiencia”.
Por lo tanto había aterrizado en la división de agroquímicos
de esta multinacional sin saber más que cuatro cosas de inglés, como la mayoría
de los españoles a quienes sólo nos han enseñado gramática, aburridísma
gramática. En mi época incluso, yo era de los primeros que había estudiado inglés
en el bachillerato, porque en aquellos años la mayoría se decantaba por el
francés. Pero ¿qué inglés? Veamos: Desde los 14 años hasta los 18 años prácticamente
no avanzabas más de tres niveles en inglés, porque todo se reducía a aprenderse
los verbos y sus conjugaciones; a escribir frases y analizar dónde estaba el
complemento directo, el sujeto, etc.; a cómo ponerla en interrogativa o cómo
decirla en pasado… y a repetir, y repetir y aprender todo de memoria. Llegué
por fin a la carrera y… ¿qué me encontré? Efectivamente se daba inglés pero…
empezando otra vez de cero, es decir, de nivel de auténtico principiante.
Conclusión: lo mismo que había sucedido en el bachillerato sucedía ahora en la carrera;
seguía sin avanzar lo más mínimo.
Después, ya en ICI-Zeltia, nos pusieron un profesor de
inglés que nos daba clases (dentro del horario laboral) a cuatro o cinco mandos
intermedios. Y te preguntarás: “Cómo era ese profesor”. Yo te lo diré, lo definí
como “el peor profesor del mundo”. Mira, mira lo que escribí en su día:
“Todos hemos conocido y padecido a muchos malos profesores,
pero en mi caso debo decir que conocí al peor profesor del mundo. Era un
profesor de inglés que nos habían puesto a varios empleados para que
aprendiésemos algo de inglés, porque nuestros conocimientos se limitaban a lo
poco y mal aprendido durante el bachiller y la carrera.
Pero, para empezar, este profesor no era nativo, sino español de pura cepa; y además su lema para aprender inglés era: conocimiento perfecto de la gramática y no dar ni un solo paso si antes no se domina el anterior.
Conclusión: explicaba algunos tiempos verbales (los explicaba en español y luego repetía frases en inglés) y nos pedía que hiciésemos una frase con ellos. Hacíamos la frase y, como era lógico, cometíamos algún error. Así que empezaba a explicar en español otra vez todo aquello para volver a pedirnos que hiciésemos la frase. Y como algo fallase, había que intentar una y otra vez, repetir una y otra vez, hasta que al final decíamos perfecta aquella frase.
Para que os hagáis una idea, esto suponía que en cada hora de clase se dedicaba más de media hora a explicaciones en español, veinticinco minutos a repetir una y otra vez la misma frase, y sólo cinco minutos de avance sobre lo estudiado el día anterior. Ante tan nefasto profesor, no tuve más remedio que renunciar a esas clases y buscarme la vida (el aprendizaje del inglés) por otro lado, porque con él sólo aprendí una palabra: ‘repeat’”.
Por todo esto, cuando Matilde Casals me dijo aquella
frase de ‘El Sr. Rubín ha dicho que es una pena que no sepas inglés, porque sería
muy bueno para tu carrera dentro del grupo’, yo me quedé con la copla y decidí
que tenía que aprenderlo. Me apunté a un curso de inmersión total en inglés que
se desarrollaba durante una semana en régimen de internado (dos alumnos por
profesor, ocho horas diarias de clase y el resto del tiempo hablando siempre en
inglés) en un pequeño pueblo de Segovia. Le comenté a Enrique Portús (que
entonces era el presidente de ICI-Zeltia) que quería hacer ese curso aunque yo
estaba dispuesto a pagármelo (300.000 pesetas) y él aceptó que lo hiciese
considerando aquella semana como tiempo laboral normal, es decir, sin
descontármelo de vacaciones. Aquello se tradujo en que por fin pude “soltarme”
en inglés e incluso viajar a una reunión internacional en Manchester para hacer
una chapucera presentación en inglés pero que causó muy buena impresión. Tanto
fue así, que pocos meses después, Portús decidió que otro compañero, el Jefe de
Producto Carlos Palomar y yo, fuésemos a hacer otra semana de inmersión a ese
mismo lugar, aunque esta vez pagado todo por la empresa. Esa segunda semana de
inmersión no me dejó tan buen recuerdo (en cuanto a progresos) como la primera,
y así se lo conté a sus responsables, los cuales me ofrecieron otra semana
“gratis total” (tanto para la empresa como para mí) al cabo de unos meses. Fue
así como esas tres semanas repartidas en poco más de un año, me permitieron dar
el salto cualitativo necesario para poder defenderme en inglés.
Mientras tanto, los planes iniciales de la multinacional por dividir el mundo en áreas geográficas como unidades de negocio (una de ellas era “Iberia”) se vinieron al traste y decidieron todo lo contrario: en vez de unidades regionales que agrupasen a todos los negocios, harían unidades de negocio que abarcasen todos los países. Esto significaba en la práctica la desaparición de ICI España y por lo tanto estaba de más la figura de Alfredo Rubín. Sin embargo, no eran aquellos tiempos de tratar a la gente como números y de despedir sin más motivo que el capricho o la ineficacia de gestión del superior, y por ello le buscaron un acomodo digno como presidente de ICI-Farma aprovechando que el hasta entonces director general de ese laboratorio se jubilaba.
Yo había cumplido ya 10 años en el sector agroquímico, me había realizado en el mundo de la Comunicación general, sentía de nuevo la llamada del sector farmacéutico... y allí tenía ahora a una persona que me conocía perfectamente. Así que, ni corto ni perezoso, y aprovechando que era Navidad, le envié una felicitación navideña muy especial: estaba escrita en inglés y le explicaba que me había preparado, que ya sabía hablar inglés, y que estaba dispuesto a trabajar con él si así lo quería.
Los acontecimientos se sucedieron entonces muy deprisa. Rubín me llamó y me dijo que se alegraba mucho y lo tendría en cuenta. Poco después, me volvía a llamar para decirme que en marzo de ese año el grupo ICI se dividiría en dos, por una parte se quedaría la parte química (que se seguiría llamando ICI) y por otra se crearía un nuevo grupo para la parte de biociencia, que se llamaría Zéneca. Era la oportunidad ideal para contar en el sector farmacéutico con mis servicios, pero primero tenía que hablarlo con mi actual director Enrique Portús. Así lo hablaron y no hubo ningún problema en que yo cambiase de empresa dentro del mismo grupo.
Dejaba atrás la Publicidad (y mis primeros pasos como responsable de Prensa) para pasarme de lleno al Periodismo y a partir de aquél momento pasé a Zéneca Farma (el nuevo nombre de ICI Farma) como máximo responsable de Comunicación, ocupando un puesto que no existía hasta ese momento pero que la central quería que estuviese implantado en todas sus filiales.
Mi regreso al sector farmacéutico, después de 10 años en
el sector agroquímico, coincidió con la escisión en dos del todopoderoso grupo químico
internacional ICI y con el nacimiento del nuevo grupo de biociencia Zéneca, que
agrupaba a las divisiones de productos farmacéuticos, agroquímicos y ciertas
especialidades químicas de alto valor añadido. Así, pues, el mismo día que me
cambié a ICI-Farma esta compañía pasó a llamarse Zéneca Farma y mi primer paso
fue preparar un folleto con aspecto de periódico para que los Visitadores Médicos
lo entregasen a todos los médicos, anunciándoles así el cambio de nombre y las
características de la nueva organización.
En Zéneca
Farma me centré en lo que siempre me había gustado más: escribir. Y para ello
debía buscar información entre las numerosas fuentes de que disponía. Pero
antes de continuar con esta historia será bueno que revisemos ese binomio que
parece irreconciliable: Publicidad – Información periodística. Ambas son
diferentes pero también tienen mucho en común, y lo que se cuenta en este libro
nos va a demostrar cómo ambas no son irreconciliables y cómo pueden potenciarse
e incluso tomar de la otra ciertos aspectos para lograr sus objetivos.
La Publicidad busca vender, eso está claro. El Periodismo
busca… vender ¡sí, vender, también! Sólo que en este último caso no busca
vender productos sino atraer muchos lectores (audiencia) porque a mayor
audiencia, mayor número de anunciantes y mayores ingresos. Los medios de
comunicación viven de la publicidad, y la publicidad se guía por la audiencia.
Cuanta mayor audiencia tenga un medio, mayores serán las posibilidades para
atraer anunciantes y mayor precio podrá poner a sus espacios publicitarios. Los
periodistas son, a fin de cuentas, vendedores cuya misión es informar de tal
forma que capten lectores… y hemos quedado en que la Publicidad trata de
conseguir clientes que compren sus productos. Vemos, pues, como ambas no son
tan distintas.
La creatividad, que en Publicidad es esencial, en
Periodismo también lo es, porque las noticias, los reportajes, deben plantearse
de tal forma que llamen la atención de los lectores y consigan su fidelización.
La cabecera de un anuncio en presa, lo que se llama “headline” tiene su
equivalente en el titular de la noticia, ambas frases deben llamar la atención
para que el lector no pase de largo, se fije en la noticia o el anuncio, y lea
el resto. Muchos de los conceptos que se enseñan en Publicidad son
perfectamente aplicables en Periodismo y yo supe sacar partido de eso.
En los dos próximos capítulos vamos a descubrir
brevemente cómo se desarrolló esa experiencia en Publicidad y cómo de la misma
pude pasar al Periodismo, en este caso, al Periodismo de empresa. Después
continuaremos con esta historia para ver hacia dónde condujeron esos primeros
balbuceos en el mundo de las webs y cómo conseguí hacer periodismo auténtico a
pesar de trabajar para una empresa comercial primero y una organización
profesional después…
Esta nueva web en español tiene como principal objetivo establecerse como un canal de interacción directo entre la compañía y los diferentes profesionales de la salud, y el hecho de estar preparada en español ofrece una facilidad añadida a los muchos millones de hispanohablantes en todo el mundo”.
Birgitta Lyrdal, máxima responsable de esta web ha manifestado su satisfacción por este premio: ‘AZ-air pretende ser una buena fuente de información para todos los expertos que son quienes realmente la han hecho posible’. Cabe señalar, en este sentido, que todas las informaciones recogidas en esta web no sufren ningún filtro de tipo comercial, etc. por lo que tienen cabida todas las informaciones que realmente sean de interés para los especialistas”.
1.- Realizado por expertos.
2.- Presentando la información, por compleja que sea, de una forma clara y sencilla.
3.- Muy accesible, de fácil navegación y localización de contenidos.
4.- Con mucha información almacenada a la que se añaden constantemente nuevas informaciones.
5.- Con numerosas imágenes libres de derechos para su utilización (siempre que no sea para fines comerciales).
6.- Sin ningún tipo de filtro comercial.
Pero, para empezar, este profesor no era nativo, sino español de pura cepa; y además su lema para aprender inglés era: conocimiento perfecto de la gramática y no dar ni un solo paso si antes no se domina el anterior.
Conclusión: explicaba algunos tiempos verbales (los explicaba en español y luego repetía frases en inglés) y nos pedía que hiciésemos una frase con ellos. Hacíamos la frase y, como era lógico, cometíamos algún error. Así que empezaba a explicar en español otra vez todo aquello para volver a pedirnos que hiciésemos la frase. Y como algo fallase, había que intentar una y otra vez, repetir una y otra vez, hasta que al final decíamos perfecta aquella frase.
Para que os hagáis una idea, esto suponía que en cada hora de clase se dedicaba más de media hora a explicaciones en español, veinticinco minutos a repetir una y otra vez la misma frase, y sólo cinco minutos de avance sobre lo estudiado el día anterior. Ante tan nefasto profesor, no tuve más remedio que renunciar a esas clases y buscarme la vida (el aprendizaje del inglés) por otro lado, porque con él sólo aprendí una palabra: ‘repeat’”.
Mientras tanto, los planes iniciales de la multinacional por dividir el mundo en áreas geográficas como unidades de negocio (una de ellas era “Iberia”) se vinieron al traste y decidieron todo lo contrario: en vez de unidades regionales que agrupasen a todos los negocios, harían unidades de negocio que abarcasen todos los países. Esto significaba en la práctica la desaparición de ICI España y por lo tanto estaba de más la figura de Alfredo Rubín. Sin embargo, no eran aquellos tiempos de tratar a la gente como números y de despedir sin más motivo que el capricho o la ineficacia de gestión del superior, y por ello le buscaron un acomodo digno como presidente de ICI-Farma aprovechando que el hasta entonces director general de ese laboratorio se jubilaba.
Yo había cumplido ya 10 años en el sector agroquímico, me había realizado en el mundo de la Comunicación general, sentía de nuevo la llamada del sector farmacéutico... y allí tenía ahora a una persona que me conocía perfectamente. Así que, ni corto ni perezoso, y aprovechando que era Navidad, le envié una felicitación navideña muy especial: estaba escrita en inglés y le explicaba que me había preparado, que ya sabía hablar inglés, y que estaba dispuesto a trabajar con él si así lo quería.
Los acontecimientos se sucedieron entonces muy deprisa. Rubín me llamó y me dijo que se alegraba mucho y lo tendría en cuenta. Poco después, me volvía a llamar para decirme que en marzo de ese año el grupo ICI se dividiría en dos, por una parte se quedaría la parte química (que se seguiría llamando ICI) y por otra se crearía un nuevo grupo para la parte de biociencia, que se llamaría Zéneca. Era la oportunidad ideal para contar en el sector farmacéutico con mis servicios, pero primero tenía que hablarlo con mi actual director Enrique Portús. Así lo hablaron y no hubo ningún problema en que yo cambiase de empresa dentro del mismo grupo.
Dejaba atrás la Publicidad (y mis primeros pasos como responsable de Prensa) para pasarme de lleno al Periodismo y a partir de aquél momento pasé a Zéneca Farma (el nuevo nombre de ICI Farma) como máximo responsable de Comunicación, ocupando un puesto que no existía hasta ese momento pero que la central quería que estuviese implantado en todas sus filiales.
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