miércoles, 28 de septiembre de 2022

¡Qué cosas escribo!

Cuando tenía siete años iba de la mano de mi padre cuando éste se paró a hablar con un amigo. La conversación se prolongaba y se prolongaba y yo estaba cansado y aburrido. Como aquello no tenía visos de acabar, opté por sacar mi vena creativa y los dejé patidifusos al dirigirles la siguiente frase: “Me gustaría ser un caballo”. Los dos me miraron sorprendidos sin saber a qué obedecía tan curiosa afirmación y no tuvieron más remedio que preguntarme: “¿por qué dices eso?”. Y ahí les lancé una indirecta como la copa de un pino: “Porque los caballos no se cansan cuando están de pie”. Entonces comprendieron que llevaban mucho tiempo hablando y que yo estaba cansado y aburrido, así que se despidieron y pude por fin lograr mi objetivo de acabar con aquella parada interminable.
 
Otro niño hubiera dicho lo normal: “¡Me canso!” o “me aburro” o “¿cuándo nos vamos?”. Ante esas frases tan comunes y tan oídas, la respuesta hubiera sido “enseguida” y, por supuesto, hubieran seguido a lo suyo. Sin embargo mi argucia los dejó completamente descolocados y ya no pudieron reaccionar como se hace normalmente ante un niño que se aburre del palique de los mayores.
 
Aquél fue uno de los destellos de un escritor que buscó siempre sorprender al lector, porque si no hay sorpresa no se puede captar el interés.
 
Casi setenta años después de aquello, sigo escribiendo y procuro seguir sorprendiendo al lector, porque si no ponemos una pizca de intriga, de emoción, de interés… la vida será un aburrimiento. Por eso te invito a que de vez en cuando te pases por este espacio que llamo “El cuaderno final” o por cualquiera de mis dos blogs con más contenido y más actualizados:
 


Las divertidas e incluso instructivas anécdotas de un Director de Comunicación a lo largo de su vida profesional:
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